¡CONTAMOS UN CUENTO!

No sabía muy bien qué elegir porque todavía no dispongo de
muchos cuentos y me parece una tarea realmente difícil elegir uno de la
biblioteca (un tema que explicaré más adelante). Decidí pedir consejo y
enseguida me encontré con el cuento de “Quiero mi chupete” entre mis manos. Llegue
a casa y lo leí. Y lo que, inmediatamente, pensé nada mas terminarlo fue que se
lo tenía que leer a mi sobrina (Tiene 21 meses. Va siempre con un chupete en
cada mano y ADORA combinarlos. Se los cambia varias veces mientras juega como
si los estuviese probando, los va perdiendo, los encuentra, los da la vuelta…).
También me pareció que era perfecto para ser contado porque las imágenes eran
tan importantes como el tema.
Cuando llegamos a clase, nos distribuimos en grupos para
compartir y experimentar los diferentes tipos de narrativa. La primera vez que
lo conté, me dio tanta vergüenza que no sabía narrar apoyándome en las imágenes.
Es más, no levantaba la cabeza del cuento porque no quería mirar la cara de mi
compañera. Cuando recibí la valoración, la única tarea que tenía pendiente
consistía en ponerle un poquito más de énfasis al cuento (mi compi fue benévola).
Nos propusimos volver a intentarlo una segunda vez y eso me ayudó a perder un
poquito de timidez.
Después, comenzamos a intercambiarnos entre los grupos para
compartir historias y experiencias. Esta vez, me vine tan arriba que la
valoración que recibí decía que tenía que poner menos énfasis a la narración. Parecía
que no le cogía muy bien el punto a eso de contar un cuento pero, por lo menos,
iba cogiendo un poquito más de seguridad. El resto de las ocasiones, me fue
bastante mejor porque me ayudó mucho conocer la historia y quitarle un poco de
hierro al tema del miedo escénico. Llegado a ese punto, ya tenía ganas de contarles
el cuento a todas.
La valoración que saco de esta experiencia es que no es tan
fácil como parece desarrollar una buena sesión de cuentos. Hay que pensar muy
bien qué es lo que se va a contar, conocer la historia por si los niños (o tus
compañeras simulando ser pequeñas) te hacen preguntas y es IMPRESCINDIBLE ser
creativo y estar abierto a la improvisación. También entran en juego factores
muy importantes como la pronunciación (cuando me ponía nerviosa las palabras no
me salían bien), la actitud relajada y la entonación para dar emoción a la
historia.
Imagino, que no tiene nada de parecido hacer esta práctica
con los niños. Los aspectos positivos que encuentro en ellos, es que no están
pendientes de los mismos detalles que los mayores y le ponen una emoción tan
intensa al cuento que tiene que ser como una inyección de motivación. Sin
embargo, pienso que sí notan cuando estas nervioso y son muy sinceros con las
cosas que sienten y que piensan. Este aspecto, puede llevarme a la situación de
que ninguno me escuche porque lo esté haciendo mal o porque el cuento no les interese.
En ese caso tendré que pensar en cambiar de historia y de estrategia. De
momento, como a todo, yo le voy a poner mucha ilusión, vergüenza y nervios,
confiando en que, con tiempo y práctica, me convierta en una experta cuentacuentos
(o acercarme por lo menos).
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