ACTIVIDAD: NARRACIÓN CON CUENTO

sábado, 26 de mayo de 2012


¡CONTAMOS UN CUENTO!


La actividad de este tema ha sido la más esperada y la más temida. La primera porque, en realidad, tiene que ser uno de los momentos más bonitos del aula, todos sentados en el suelo y expectantes sobre el cuento; y la segunda porque varias compañeras de clase coincidíamos en que nos daba muchísima vergüenza hacer esta práctica. En este último caso, teníamos que leernos el cuento entre nosotras y las caras de expectación no serían tan intensas como las de los niños.
No sabía muy bien qué elegir porque todavía no dispongo de muchos cuentos y me parece una tarea realmente difícil elegir uno de la biblioteca (un tema que explicaré más adelante). Decidí pedir consejo y enseguida me encontré con el cuento de “Quiero mi chupete” entre mis manos. Llegue a casa y lo leí. Y lo que, inmediatamente, pensé nada mas terminarlo fue que se lo tenía que leer a mi sobrina (Tiene 21 meses. Va siempre con un chupete en cada mano y ADORA combinarlos. Se los cambia varias veces mientras juega como si los estuviese probando, los va perdiendo, los encuentra, los da la vuelta…). También me pareció que era perfecto para ser contado porque las imágenes eran tan importantes como el tema.
Cuando llegamos a clase, nos distribuimos en grupos para compartir y experimentar los diferentes tipos de narrativa. La primera vez que lo conté, me dio tanta vergüenza que no sabía narrar apoyándome en las imágenes. Es más, no levantaba la cabeza del cuento porque no quería mirar la cara de mi compañera. Cuando recibí la valoración, la única tarea que tenía pendiente consistía en ponerle un poquito más de énfasis al cuento (mi compi fue benévola). Nos propusimos volver a intentarlo una segunda vez y eso me ayudó a perder un poquito de timidez.
Después, comenzamos a intercambiarnos entre los grupos para compartir historias y experiencias. Esta vez, me vine tan arriba que la valoración que recibí decía que tenía que poner menos énfasis a la narración. Parecía que no le cogía muy bien el punto a eso de contar un cuento pero, por lo menos, iba cogiendo un poquito más de seguridad. El resto de las ocasiones, me fue bastante mejor porque me ayudó mucho conocer la historia y quitarle un poco de hierro al tema del miedo escénico. Llegado a ese punto, ya tenía ganas de contarles el cuento a todas.
La valoración que saco de esta experiencia es que no es tan fácil como parece desarrollar una buena sesión de cuentos. Hay que pensar muy bien qué es lo que se va a contar, conocer la historia por si los niños (o tus compañeras simulando ser pequeñas) te hacen preguntas y es IMPRESCINDIBLE ser creativo y estar abierto a la improvisación. También entran en juego factores muy importantes como la pronunciación (cuando me ponía nerviosa las palabras no me salían bien), la actitud relajada y la entonación para dar emoción a la historia.
Imagino, que no tiene nada de parecido hacer esta práctica con los niños. Los aspectos positivos que encuentro en ellos, es que no están pendientes de los mismos detalles que los mayores y le ponen una emoción tan intensa al cuento que tiene que ser como una inyección de motivación. Sin embargo, pienso que sí notan cuando estas nervioso y son muy sinceros con las cosas que sienten y que piensan. Este aspecto, puede llevarme a la situación de que ninguno me escuche porque lo esté haciendo mal o porque el cuento no les interese. En ese caso tendré que pensar en cambiar de historia y de estrategia. De momento, como a todo, yo le voy a poner mucha ilusión, vergüenza y nervios, confiando en que, con tiempo y práctica, me convierta en una experta cuentacuentos (o acercarme por lo menos).

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